El filósofo chileno José Victorino Lastaría escribe: "Rodríguez,
como los reformadores europeos, tomaba como palanca de su reforma social la
educación". Lastarria propone que el rechazo a las reformas
educativas promovidas por Simón Rodríguez se debía, entre otras cosas, a la
idea de unir conocimiento teórico y práctico, el cerebro y la mano. El
educando, agrega Lastarria, tenía que participar en "fabricación de
ladrillos, de adobes, de velas, y otras obras de economía doméstica". Como
a sus clases asistían clases altas, medias y bajas, entonces los padres
de los niños de las clases altas resentían que la educación incluyera trabajos
prácticos como ferretería, carpintería o agricultura. Me parece que la idea
central de Simón Rodríguez al enfatizar la unidad del cerebro y la
mano es superar la división social del trabajo y promover el
amor al trabajo.
Si quisiéramos encontrar diferencias entre
Simón Rodríguez y Paulo Freire, sin duda que las hay. El iluminismo con el que
se inicia la modernidad tiene muy en alto el valor de la ciencia y de la
técnica. Las reformas educativas prohijadas por la revolución francesa ponían
el énfasis en las ciencias y en los oficios como se dice la Enciclopedia. Era
así porque la modernidad es laica y estaba en el esfuerzo de salir de la luz de
la fe a la luz de la razón. Y esto mismo lo vemos en Simón Rodríguez. El énfasis
en el trabajo manual conducía al aprendizaje de un oficio como la carpintería o
la agricultura. Rodríguez aprovechó su larga estadía en Europa para
aprender ciencias como la física o la química. También gustó del oficio de la
imprenta. El afán de utilidad social era parte de la propuesta iluminista de la
educación. Junto al aprecio por la ciencia va unida la secularización del
pensamiento y el aprecio de valores humanísticos más que religiosos. Y aquí
obviamente hay una diferencia grande entre Don Simón y Paulo Freire. El
educador brasileño confesó que no había tenido necesidad de salirse del
cristianismo para ser socialista o revolucionario. En cambio, Simón
Rodríguez era agnóstico. Fue otro aspecto en el que chocó con la aristocracia y
la burguesía andina de Chuquisaca. En los tiempos en que Simón Rodríguez vivió
la ciencia era nueva y hasta revolucionaria y él participó de esa euforia.
En la época de Freire, como diría Habermas, la ciencia y la técnica
forman parte del sistema, e incluso de la infraestructura social de la
producción tanto en el capitalismo como en el socialismo real. Hoy, agrega
Habermas, la ciencia muestra explícitamente el a priori tecnológico que,
sin embargo, estaba claro desde sus orígenes modernos, como lo expresó con
absoluta claridad Francis Bacon cuando afirmó que "el conocimiento es
poder".
La ciencia sigue siendo necesaria porque está unida a la industria en
que se sustentan las sociedades capitalistas y socialistas. Pero ya no tiene
esa mística que otrora tenía en la revolución científica moderna. Sobre este
aspecto escribe Freire: "Uno de los riesgos que necesariamente correríamos
al superar el nivel del mero conocimiento conjetural, mediante la metodización
rigurosa de la curiosidad, es la tentación de sobrevaluar la ciencia y
menospreciar el sentido común. Es la tentación que se concretó en el
cientificismo que, al postular como absolutos la fuerza y el papel de la
ciencia, terminó por convertirla en casi magia". 4 Para Simón Rodríguez la
educación fundada en las luces de la razón incluía abiertamente la razón
científica moderna. Hoy, sin despreciar la ciencia somos críticos con la
ciencia misma, y esta sería la posición de Freire. Simón Rodríguez, En Europa,
estudió las nuevas ciencias como la física y la química. "Lo
más impactante es la integración, de las artes y los oficios; ahora ya no se
trata de las "artes liberales", de la gramática y de la filosofía,
sino precisamente de las artes y los oficios que ya habíamos visto, primero
tímidamente y después cada vez más ardidamente, reivindicar su lugar y su
dignidad en la formación y en la actividad del hombre. El mismo título de la
Enciclopedia es ya un programa revolucionario". En lugar de artes
liberales se implanta la ciencia experimental y las artes mecánicas. Y como
hemos visto, Rodríguez le dio importancia al aprendizaje de oficios. Durante el
periodo de la revolución francesa se introdujo una reforma
educativa tendente a la promoción de la ciencia y la técnica. El afán de
utilidad social era parte de la propuesta iluminista de la educación.
La realidad social de los países latinoamericanos
en que vivieron fue siempre el referente omnipresente de su pensamiento y su
praxis. Para ambos pensadores la educación se inserta en los procesos de
liberación latinoamericana. Para Freire la liberación es también búsqueda de
utopía. Escribe Ángel Rama "La vigencia del pensamiento de Simón
Rodríguez, que hoy resplandece intacto como si acabara de formularse para las
sociedades del presente, se debe tanto a su constitutivo fundamento
democrático, elaborado en el crisol optimista del iluminismo y de la revolución
emancipadora, como al fracaso de los estados nacidos de la Independencia para
llevar a cabo las doctrinas de redención social que animaron al movimiento
liberador". Simón Rodríguez llega en el momento de desaliento que
siguió a la guerra de independencia y que llevó a Bolívar a exclamar "He
arado en el mar". Percibió los errores que se habían infiltrado en la
práctica política y gubernamental latinoamericana. Las prácticas coloniales
continúan después de la Independencia. Rodríguez piensa en las
condiciones de un desarrollo propio, inventivo y no imitativo. No es el egoísmo
individual el que debe triunfar, ni el afán de riquezas. La felicidad la
encontramos acordando mi pensar con el pensar común. El interés general
es lo que debe primar. La nueva sociedad debía fundarse en un nuevo orden
social, superando las jerarquías sociales heredadas de la época colonial. La
nueva base social debía ser democrática.
En breve, el iluminismo de Simón Rodriguez se
caracteriza por la confianza en la razón como potencia humana que nos faculta
en el arte de pensar; creencia radical en la libertad humana no sólo para
pensar sino para dirigir la acción individual y social; fe en el poder
transformador de la educación hacia una sociedad libre y justa. El socialismo
de Simón Rodríguez se caracteriza por sostener que la base de la sociedad es la
industria; la importancia de infundir amor al trabajo; la idea de una
nueva organización del trabajo; la necesidad de cierta regulación del mercado;
la necesidad de cierta planificación económica; la urgencia de una mejor
distribución de la riqueza; y la transición de un orden individualista a uno
socialista mediante una minoría ilustrada.
Acorde con su iluminismo y su socialismo es
su teoría educativa: la unidad de la mano y el cerebro, es decir, la
unidad del trabajo manual y la educación teórica desde la escuela elemental. La
idea de educar la razón para que la sociedad se funde en la sensatez y la
razonabilidad. Finalmente, la idea de que la educación es política en cuanto su
deber es formar ciudadanos activos, partícipes de la vida ciudadana
y política. En definitiva, Simón Rodríguez y Paulo Freire, partiendo
de circunstancias muy diferentes y utilizando lenguajes muy distintos, sin
embargo, convergen en tesis significativas. Nuestra América es la preocupación
principal de uno y otro. La educación que surge desde condiciones de
opresión y en la búsqueda de su posible liberación es una teoría y una práctica
que implicó a ambos a lo largo de sus vidas comprometidas.
Problematizar la realidad para salir de la conciencia ingenua es la
estrategia pedagógica que en ambos casos puede percibirse. Usar la razón críticamente
es un arma de lucha en la praxis educativa y socio-política. La educación en
ambos pensadores está inspirada en valores e ideales éticos exigentes que
comprometieron sus vidas totalmente. La esperanza de poder superar, con ayuda
de la educación, todo lo indeseable de nuestras sociedades latinoamericanas es
el gran mensaje que ambos dejaron a las generaciones presentes y futuras.
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